martes, 19 de enero de 2016

miércoles, 27 de agosto de 2014

El conocimiento, factor determinante de los sistemas económicos avanzados

Consideraciones previas

Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el diálogo social se alimenta de negociaciones, consultas  e  intercambio de información  entre representantes de la administración pública, representantes de las empresas y representantes de  los trabajadores. Los temas a tratar en ese diálogo social, siempre según la OIT, son temas de interés común a esas tres partes y se centran en  políticas económicas y sociales. En este caso se puede catalogar el diálogo de tripartito, puesto que afecta a “tres” partes diferenciadas. Pero hay que tener en cuenta que el diálogo puede ser, en circunstancias determinadas,  bipartito, es decir que, para determinados temas, la negociación se produce entre los representantes de los trabajadores y los de los empleadores, con o  sin la participación indirecta de la administración pública.
El proceso de diálogo social puede ser  informal o institucionalizado, y como ocurre a menudo, es una combinación de ambas  categorías.
Uno de los principales objetivos que se pueden buscar con la promoción del diálogo social es la  búsqueda del consenso y de la implicación democrática de los principales actores en el mundo del trabajo.  Los procesos del diálogo social que culminan con éxito tienen la ventaja de aportar soluciones consensuadas a temas económicos y sociales que mejoran  la paz y la estabilidad social y laboral, y que, por lo tanto, facilitan el progreso económico.
Desde esta concepción, el  diálogo social tiene hoy una amplia dimensión, que favorece la gobernanza y la profundización democrática como instrumento de desarrollo y de mantenimiento del contrato social y se erige en una alternativa frente a los peligros a los que puede conducir una excesiva fragmentación social provocadora de procesos de exclusión social que pueden llegar a dificultar el ejercicio cotidiano de la democracia.
Teniendo en cuenta todo lo anterior, lo primero que llama la atención es que se está hablando esencialmente de “diálogo social” en torno al “mundo del trabajo”. Se trata de un diálogo que se produce entre las partes, unas veces dos y otras tres, que intervienen en el mundo del trabajo y que, evidentemente, tiene efectos en otros aspectos de la sociedad. Pero el núcleo esencial en torno al que gira ese concepto de “diálogo social” es el “trabajo”. La pregunta que surge inmediatamente es la siguiente: ¿Se trata de una categoría absolutamente central  en el momento histórico actual o refleja la centralidad de una sociedad productiva propia de una época industrial anterior a los recientes acontecimientos que abren una crisis sistémica que necesitan enfoques y aproximaciones distintas para su encauzamiento? Es decir, si el diálogo social se realiza en torno al concepto “trabajo”, ¿entendemos este concepto como una actividad a la que tienen derecho los ciudadanos como aportación al progreso social y personal o lo entendemos como uno de los tres pilares que, en los conceptos de la economía clásica, soportaban el entramado económico? ¿Se está hablando de factor trabajo o se está hablando de empleo, de acceso al empleo?

Un nuevo escenario

El sistema económico mundial regido por dos sistemas  de gestión muy diferenciados  cambia radicalmente a partir de 1989 con el colapso del sistema “soviético” simbolizado por la “caída del muro del Berlín”. El mundo cambió a partir de entonces.
El sistema económico de mercado con sus tres pilares esenciales (factor tierra, factor capital y factor trabajo) se convierte en el único posible, sostenible  y factible como sistema de desenvolvimiento de las relaciones económicas. Pero, apenas veinte años después, una nueva agitación hace tambalear los cimientos de la economía mundial. Se inicia la crisis que, aún hoy, domina el panorama económico. De nuevo, el escenario está cambiando.
¿Se trata de una crisis, en el sentido convencional, es decir que, una vez terminada, todo volverá a ser como antes, o se trata de un cambio de sistema, de una adaptación de la economía, denominada de mercado, a una auténtica globalización en la que no existen fronteras económicas?
El mundo se convierte en un tablero global en el que cada pieza participante en el juego debe conocer perfectamente su rol. Por lo tanto, también, desde una óptica geográfica, cada región mundial tiende a adaptarse a su nuevo papel en el damero de la economía. Se dice, por ejemplo: “China es la fábrica del mundo”.
¿Cuál es el papel reservado a Europa? Reservado como tal,  probablemente no tenga ninguno. Europa debe de reinventarse ya que no dispone como otras zonas del mundo de materia prima lubricadora de la economía. El factor “tierra” no es   su rol principal, como tampoco lo es el factor “trabajo” empujado por la competitividad de la fuerza de ese factor en otras latitudes.
Los tres factores “finitos” que componían el sistema económico tradicional (Adam Smith, David Ricardo,…) y sobre los que se basaba el crecimiento continuo necesario para el progreso de las sociedades dejan de ser los únicos factores combinables, al menos en Europa, para generar riqueza: Europa se reinventa incorporando un factor nuevo, no finito, y esto es una novedad histórica, como engranaje de la economía de mercado: el factor conocimiento.
La necesaria incorporación del “conocimiento” como nuevo y necesario factor productivo para generar economía cambia absolutamente el enfoque de las relaciones de armonización social en un momento histórico en el que, tal vez, ya no estemos en una crisis propiamente dicha si no en un momento clave en el que hay que adaptarse totalmente a un modelo económico global.  Estamos, tal vez, transitando por una época de mutación y de cambio sistémico que provocará que actitudes, maneras, relaciones, formas contractuales, etc. de un tiempo cercano pero que aparece como alejado no se vuelvan a repetir.
Por lo tanto, en este contexto, en una región como Castilla-La Mancha dependiente absolutamente de su posición en España y en Europa, el diálogo social ya no puede girar en torno a todo lo que genere el trabajo, si no en torno a los nuevos conceptos y a los efectos que nacen de la necesaria condición de crear empleo.
La creación de empleo en un mundo cambiante es un motivo adecuado para sincronizar las relaciones que determinen un adecuado diálogo social.  La fortaleza con la que la sociedad, en particular la castellano-manchega, pueda salir del tránsito complejo y difícil que supone el momento actual de transición dependerá, en gran medida, de la voluntad innovadora con la que se afronte el diálogo social que parte también por reconocer que los tradicionales roles asumidos por los agentes sociales por fuerza han de cambiar para acompasarse con el gran cambio que la sociedad está viviendo.
En el marco de una nueva economía en él que aparecen nuevos empleos, en él que el “factor conocimiento” es fundamental y este se inyecta en el sistema económico mediante el emprendimiento y la innovación los agentes participantes en el diálogo social encuentran una función fundamental en estimular ese emprendimiento e innovación.
En consecuencia aparece como propuesta básica que el “diálogo social” se centre en el debate sobre el impulso de las condiciones que favorezcan el afloramiento de un “sistema productivo innovador” con toda la riqueza que esto puede y debe producir.
La aplicación eficaz del “factor conocimiento” en el sistema productivo puede ir acompañado por la combinación y la mejora continuada  de subfactores necesarios para la creación de riqueza: Tecnología e Innovación.

Por todo eso, en un proceso de diálogo social puede aparecer como adecuado despejar las funciones de los diferentes sistemas, subsistemas y factores económicos que actúan en la economía de la región en función de unos indicadores determinados: la tecnología en general y las tecnologías de la información y la comunicación en particular (uso, dotaciones, accesibilidad a las TIC y su peso en la economía, etc.), el capital humano (Educación, emprendimiento, formación continua, formación para el empleo, aprovechamiento del capital humano, etc.), el sistema de innovación (Recursos financieros y humanos, aplicación en el sector empresarial, redes de conocimiento, etc.), el entorno, etc. 

domingo, 17 de noviembre de 2013

Black Sabbath - Heaven And Hell Live In N.Y. 1980

martes, 15 de enero de 2013



Apuntes para una Estrategia de especialización inteligente de Castilla-La Mancha

Una aproximación al contexto histórico


Introducción


Siguiendo el planteamiento de  Xavier Ferràs[1] que define el proceso histórico de la “Innovación” como un proceso en “oleadas” desde que existe lo que venimos en llamar, convencionalmente, el sistema económico capitalista, se plantea en este escrito la relación entre sectores económicos “regionales” y ese proceso de implantación de la innovación.   Pero previamente es preciso consensuar que antes de la aparición del capitalismo en la historia económica no había propiamente innovación y las sociedades no avanzaban o no lo hacían de forma perceptible. Es decir, la innovación está ligada y forma parte del proceso de desarrollo del sistema económico capitalista.

Las seis olas de la innovación


Xavier Ferrás plantea, en cuanto a la innovación como motor de desarrollo económico, seis olas de innovación:

Ø  1ª Ola: “Technology-push”. La tecnología es el campo de juego de la innovación. Se inicia con la revolución industrial y consiste en añadir tecnología (inventos) al producto.
Ø  2ª Ola: “Market-pull”. El mercado es el campo de juego de la innovación. A partir de los años ochenta del siglo XX el mercado se hace complejo. Es el momento de comprender al cliente, al público objetivo. Es el momento histórico del “marketing”.
Ø  3ª Ola: “La organización como sistema de innovación”. El conjunto de la organización, de la empresa, se convierte en un sistema innovador.
Ø  4ª Ola: “La innovación se expande a la cadena de valor”. La cadena de proveedores se integra en el sistema innovador.
Ø  5ª Ola: “La Innovación se expande al conjunto de la economía internacional”. Con el nuevo siglo nace el concepto de “Open Innovation”. Básicamente este concepto viene a plantear que las oportunidades y la innovación pueden encontrarse en otras cadenas de valor. Es el momento de entrecruzar cadenas.
Ø  6ª Ola: “La Innovación se incrusta en la cultura de las naciones”. La innovación se torna en fenómeno cultural. La innovación se asocia a fenómenos de desarrollo local y eclosiona en algunos entornos concretos. En un mundo “superglobalizado”,  surgen, paradójicamente, ecosistemas locales, ricos y dinámicos (Silicon Valley, Corea, Singapur, Israel, Finlandia, Suiza, Israel, Massachussets, etc.). Estos territorios se diferencian por la “cultura”; una cultura emprendedora orientada  a la generación de valor que genere ventajas competitivas diferenciales.

El punto de destino de todo ecosistema innovador es acercarse lo más posible o incluso alcanzar el nivel de “innovación incrustada en la cultura”. Las naciones y las regiones serán culturalmente emprendedoras e innovadoras o quedarán fuera de la historia.



Castilla-La Mancha: una región competitiva e innovadora.


La definición de la metodología para  la consecución  de una región económica especializada inteligentemente es decir que conozca y escoja un camino estratégico para tender a alcanzar su posicionamiento en la economía mundial globalizada es, en esencia, una aproximación de encuentro entre tiempo y espacio, entre historia y geografía.
Las empresas, grandes, medianas o pequeñas de Castilla-La Mancha, integradas en “sectores económicos” dependen mucho de su entorno inmediato y regional, dependen de la geografía. Son sujetos económicos que se mueven en un espacio dado.
Pero también las empresas, o mejor, en el contexto y enfoques propuestos, los sectores económicos se sitúan en un nivel histórico de desarrollo. Se mueven en el tiempo y van incorporando procesos de innovación para su mantenimiento.
La cuestión básica, bajo este enfoque, es: ¿En qué nivel de desarrollo histórico se encuentran los sectores económicos y, por añadidura, las empresas de Castilla-La Mancha?
La conclusión que puede surgir de un enfoque tal es la siguiente:
Conocido el nivel de desarrollo de un sector o subsector económico, o lo que es lo mismo, conocido el lugar que ocupa ese sector en el sistema de olas de innovación del que se habla más arriba, ¿Cuál es el impulso estratégico que hay que insuflar a un sector o subsector económico para que dé el salto a la ola siguiente?
La lógica dice que el crecimiento económico y de maduración de los sectores estratégicos de Castilla-La Mancha vendría dado por un “crecimiento de la innovación”, es decir por un salto de un nivel a otro, o lo que es lo mismo, se trata de pasar de encontrarse en una ola determinada a otra.
El incremento de innovación vendría dado por el paso de estar en un estadio de innovación determinado al siguiente paso “histórico”: pasar de estar instalado en una “ola innovadora” determinada a la siguiente.
En este contexto y bajo este enfoque la propuesta operativa lógica puede ser que se orienten los instrumentos públicos y privados existentes en el territorio, relacionados con la I+D, en crear innovación. Pero no se trata de cualquier innovación. Se trata de crear las condiciones para ayudar, incentivar, impulsar a los sectores y subsectores económicos estratégicos para que puedan incorporarse a la “ola innovadora” que lo haga crecer y asentarse en un sistema económico regional competitivo en el marco de la economía globaliza.


[1] Xavier Ferras es Doctor en Economía y Empresa por la Universidad de Barcelona, Ingeniero Superior de Telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de Cataluña y MBA por ESADE.

domingo, 13 de enero de 2013

Zenet Me Gustas (videoclip oficial - versión extendida)

domingo, 28 de octubre de 2012

El presente

Homo Sapiens es el resultado de la evolución humana: su adaptación evolutiva se basa en la postura erguida que le ha permitido desarrollar el cerebro. Este le permite, más que a cualquier especie existente que se sepa, comprender el entorno y adaptarlo para su beneficio. El desarrollo del cerebro le permite tener conciencia del tiempo, cosa que no le ocurre, que se sepa, a otras especies.
Así Homo Sapiens es consciente de tres fases del tiempo: el pasado, el presente y el futuro.
Tras la revolución neolítica empezó la "historia", esa fase de la evolución en la que Homo Sapiens es capaz de transformar la naturaleza.
Pero la "historia" significa también esa fase en la que las funciones entre los miembros de la comunidad se especializan y aparecen los que viven "liberados" del trabajo físico para "organizar" la vida social. Los trabajadores deben producir el suficiente excedente para "retribuir" a los rectores, gobernadores, reyes, sacerdotes que "ordenan" la convivencia.
Durante la mayor parte de la historia se justifica esta "explotación" planteando que la sociedad avanzará hacia modelos míticos y legendarios que se muestran como modelos que hay que reconstruir: mitos, leyendas y religión justifican las penurias en las que vive la mayoría. Estos encontrarán el premio a su sumisión en el futuro que se sitúa más allá de la vida, en el paraíso.
Este tipo de sociedad corresponde a un modelo económico feudal que es el que más tiempo ha ocupado la historia. El premio será "dejar este valle de lágrimas" y acceder al cielo. Los modelos a seguir están en el pasado: dioses, héroes, mitos, leyendas...
Sin embargo, durante un breve periodo de la historia se abrieron paso ciertos pensamientos que opinaban que el conjunto de la humanidad podía vivir mejor en un futuro en la tierra. Es el breve periodo histórico que nace en el Renacimiento y termina en estos tiempos en el que un futuro mejor en la tierra era concebible: utopias, ilustración, revolución burguesa, anarquismo, socialismo, comunismo. El devenir histórico y el progreso llevarían al hombre a la emancipación y a la libertad en una sociedad igualitaria y culta.
Pero, caído el muro de Berlín y fracasado el "socialismo real", ya no aparecen alternativas para un futuro mejor. No es tiempo de volver a cuentos sobre un pasado mejor y mitológico, es sólo el tiempo de la incertidumbre, del sálvese quien pueda; es tiempo de que los excedentes vuelvan a distribuirse como en la mayor parte de la historia: poco, lo justo para que siga funcionando la maquinaria, para la gran mayoría, mucho para los dueños que dominan la cima de la humanidad. Es el tiempo del presente, el tiempo en que las "luces" han muerto. Es el tiempo de volver a una sociedad propiamente humana, aquella que comprende el Homo Sapiens fácilmente, en la que se distinguen a simple vista el rico del podre, y en la que no queda ni rastro de las clases medias. Es la ideología del presente, la tradicional, en la que uno s pocos explotan a muchos para sacar provecho de la naturaleza.

sábado, 14 de mayo de 2011

Toledo, la Cultura y los Fondos Económicos Europeos: la ausencia del Ayuntamiento en el escenario europeo.

El alcalde de Toledo ha anunciado en el mes de Enero pasado que el siguiente paso, tras la constituciónde la Fundación Greco 2014, es conseguir que Toledo sea Capital Europea de la Cultura. El próximo año en que una ciudad española pueda ser Capital de la Cultura es en 2016. Pero, por desgracia, el plazo para la presentación de candidaturas terminó en 2010; tanto es así que en septiembre del año pasado se hizo la preselección de las ciudades aspirantes. Toledo no puede ser Capital de la Cultura. Solamente, según el turno rotatorio establecido por la Unión Europa, Toledo podría aspirar a esa capitalidad en 2029 o 2030. ¿Esto no se sabía? ¿Anunciar medidas semejantes es oportunismo o, realmente, desde la administración local se gobierna con una previsión a largo plazo encomiable?

Curiosamente, el Ayuntamiento de Toledo y el Consorcio de la ciudad han abandonado a finales del año pasado la Asociación de Ciudades Europeas de la Cultura (http://www.avecnet.net/).

Por un lado se habla de reforzar la imagen de Toledo en el ámbito cultural, eso si en un plazo de tiempo enorme, y por otro se abandona una Red de ciudades europeas de la Cultura desde la que se puede trabajar en el día a día para seguir mejorando la atractividad cultural de Toledo y además contribuir a la definición cultural de la Europa que se está construyendo. ¿No es esto una enorme contradicción, máxime cuando Toledo fue una de las cinco ciudades fundadoras de esa red a finales de los años 90?

Lo que demuestran estas actitudes es la postura de los responsables de la administración municipal ante el trabajo a realizar en el marco de la Unión Europa para conseguir, por un lado el reforzamiento de la red de ciudades europeas y por otro conseguir beneficios para la ciudad de Toledo. En el fondo se trata de creer o no creer que Toledo tenga una dimensión europea importante y que, en ciertos campos como la cultura y el turismo, pueda ser vanguardia de lo que se vaya produciendo en Europa. Se trata de estar en el grupo de ciudades de vanguardia o limitarse a realizar políticas provincianas de corto alcance.

Después de que, desde los años 90 hasta mediados de los años 2000, los fondos económicos de la Unión Europea han sido especialmente favorables para la ciudad de Toledo, al menos en lo que a ayudas financieras se refiere, puede ser conveniente hacer una reflexión pública sobre las posibilidades de que la ciudad de Toledo siga siendo receptora de esas ayudas económicas. La realidad es que la administración local ha dejado de participar en Proyectos Europeos, con la correspondiente merma de fondos, probablemente por una visión excesivamente localista y provinciana de la dimensión de la ciudad.

Claro que hay que reconocer que querer trabajar en el ámbito europeo para tratar de mejorar la realidad europea intentando conseguir beneficios para Toledo no es fácil y supone un esfuerzo de gestión importante ya que hay que introducirse en una forma de trabajar compleja. El ejercicio consiste en salir de un marco limitado, seguido por las autoridades locales, para encontrarse en plena competición con numerosos proyectos que presentan otras autoridades locales.

Guardando las proporciones, se parece bastante al ejercicio que debe de realizar un joven conductor que deja de conducir en un circuito cerrado de una autoescuela y se encuentra solo al volante en una autovía de cuatro carriles infectada de camiones.

Esta metáfora pretende ilustrar la dificultad que experimentan algunas ciudades en encontrar un sitio en los programas operativos, en definir, en negociar e imponer su proyecto estratégico o dicho más comúnmente, en encontrar financiación para dicho proyecto. En competencia con el joven conductor hay pilotos experimentados que además de conseguir sus objetivos multiplican los obstáculos y no se fían de los novatos a los que consideran poco fiables. El Ayuntamiento de Toledo, en periodos anteriores, entendió esto y mantuvo un dispositivo que le aseguraba presencia en Europa con los consiguientes retornos económicos para la ciudad (se puede estimar en 60 millones de euros la financiación comunitaria conseguida por esta vía). El actual equipo de gobierno prefiere seguir conduciendo en un circuito cerrado.

Tal vez a la administración actual le parece demasiado complicado acceder a Europa ya que, como es lógico, el acceso a esos fondos se convierte en una tarea difícil y compleja porque los procedimientos son complicados y la competencia aumenta. Es una cuestión de elegir, de renunciar o no a las ventajas que se pueden conseguir al jugar en la “división europea”. Pero claro es preciso hacer un esfuerzo de gestión para que Toledo pueda desarrollar el papel que le pueda corresponder en la red de ciudades europeas.

Si se quieren obtener beneficios europeos es preciso estar decidido a ofrecer y recibir el apoyo y la ayuda mutua entre gestores europeos de ciudades y de programas europeos. Esta ayuda mutua se concretiza en la participación en redes y proyectos de intercambio de experiencias, como la red que se acaba de abandonar. Este tipo de acciones, lejos de ser una flor en el árbol, una guinda en el pastel, son actividades complementarias que conducen a la obtención de buenos resultados para financiar proyectos de intervención en el plano local. Es decir, para obtener dinero para Toledo hay que estar presentes en Europa y en las redes y asociaciones de ciudades. No se puede pretender recibir sin dar nada a cambio y la Comisión Europea considera que los contactos entre personas y entidades, lo que llama encuentros transnacionales, son una forma más que contribuye a “hacer” Europa. Sin embargo, en Toledo, todo parece ir al revés en este sentido ya que se abandona la participación en redes.

Participar en programas europeos es como dispersar semillas en el suelo, se desconoce dónde van a aparecer las flores pero se sabe que van a brotar. Si siempre se intenta fijar la aplicación primero puede que sea imposible llegar a ella. Es como plantar una semilla en un lugar preciso, quizás no germina.

Los políticos no lo ven así porque quieren saber con anterioridad para qué están pagando. Pero es una realidad que muchos proyectos de mucha inversión y envergadura aparecieron como un beneficio inesperado de otras actividades. Los responsables municipales de Toledo no entienden que para obtener beneficios hay que hacer un esfuerzo: para obtener fondos europeos hay que estar presente en las actividades europeas.

En esta línea, es fundamental trabajar en los proyectos transnacionales y en las redes que mejor permitan situar en el plano europeo los proyectos concretos locales para los que se quiere encontrar financiación. Esos proyectos locales deben de obedecer a una lógica interna basada en una política de desarrollo local que se inspire en los pilares de las políticas de la Unión Europea: el desarrollo sostenible, el medio ambiente, las nuevas tecnologías en relación a la participación ciudadana y a la creación de empleo, la igualdad de oportunidades, etc.

En esencia esos proyectos locales para los que se busca financiación deben de derivar de una especie de plan estratégico en el que se haya intuido al menos, la función de la ciudad en el marco de las redes de ciudades. Sin embargo la política municipal es la contraria actualmente: se abandonan las redes que se han creado.

Participar en los beneficios de recibir fondos europeos requiere una cada vez más esmerada profesionalización unida al “cuidado” de las relaciones transnacionales, tanto con representantes de la Comisión Europea, como con los de otras ciudades que forman las redes de un cierto asociacionismo europeo en el que se sustenta la obligada transnacionalidad exigida por la Unión Europa. Ya no solamente basta con estar al tanto de la información, hay que gestionar esa información y saber distinguir lo que es aprovechable para los objetivos locales. Pero también requiere la elaboración de un Plan Estratégico de ciudad en el que encajan como piezas de un puzzle los proyectos financiables.

Así la conocida afirmación: “Pensar globalmente y actuar localmente” se convierte en “Pensar y actuar en Europa con los europeos, y pensar y actuar localmente asociándose con el tejido social de la ciudad”.

Para que la mayoría de los objetivos se cumplan y uno de ellos, obviamente, es conseguir financiación europea para acelerar el desarrollo local y beneficiarse de las políticas de cohesión, un municipio como el de Toledo, debe de apostar por estar presente en el escenario europeo con los instrumentos y las estrategias necesarias y precisas. Es decir, tiene que tener definida una “política europea”. Para tal fin parece obvio que debe de contar con la estructura administrativa y de gestión que trabaje para obtener los objetivos.

Sin embargo, parece ser también, que el gobierno local del Ayuntamiento de Toledo no parece haber comprendido todo esto, incluso después de haber comprobado como Europa “ha sido generosa”, gracias al buen trabajo desarrollado desde la primera mitad de los años noventa, con la ciudad de Toledo, lo que ha permitido sin duda realizar proyectos que sin las subvenciones europeas nunca se hubieran realizado o que, caso de haberse hecho, hubieran consumido recursos económicos locales que hubieran impedido hacer otras acciones.

El equipo al mando del Ayuntamiento de Toledo no parece apostar por realizar ese trabajo cada vez más complejo que se requiere para percibir los beneficios, económicos y otros, que emanan de las instituciones europeas. Abandonar las redes de participación europeas es, sin embargo, la decisión municipal. Es una opción, pero desde luego se apuesta por realizar una política pasiva de la que no se derivaran ventajas económicas europeas, es decir no llegará dinero de Europa, al menos en cantidades significativas.

Por cierto, la ciudad húngara de Pecs, fundadora con Toledo de la Asociación de Ciudades Europeas de la Cultura fue Capital Europea de la Cultura en 2010, participando y promocionándose a través de esa red.