jueves, 11 de febrero de 2021
martes, 19 de enero de 2016
Aprobada la convocatoria 2016 Retos-Colaboración de impulso a la I D i - ESMARTCITY
miércoles, 27 de agosto de 2014
El conocimiento, factor determinante de los sistemas económicos avanzados
Consideraciones previas
Para la Organización
Internacional del Trabajo (OIT), el diálogo social se alimenta de negociaciones,
consultas e intercambio de información entre representantes de la administración
pública, representantes de las empresas y representantes de los trabajadores. Los temas a tratar en ese
diálogo social, siempre según la OIT, son temas de interés común a esas tres
partes y se centran en políticas
económicas y sociales. En este caso se puede catalogar el diálogo de
tripartito, puesto que afecta a “tres” partes diferenciadas. Pero hay que tener
en cuenta que el diálogo puede ser, en circunstancias determinadas, bipartito, es decir que, para determinados
temas, la negociación se produce entre los representantes de los trabajadores y
los de los empleadores, con o sin la
participación indirecta de la administración pública.
El proceso de diálogo social puede ser informal o institucionalizado, y como ocurre
a menudo, es una combinación de ambas
categorías.
Uno de los principales objetivos que se pueden buscar
con la promoción del diálogo social es la búsqueda del consenso y de la implicación
democrática de los principales actores en el mundo del trabajo. Los procesos del diálogo social que culminan
con éxito tienen la ventaja de aportar soluciones consensuadas a temas
económicos y sociales que mejoran la paz
y la estabilidad social y laboral, y que, por lo tanto, facilitan el progreso
económico.
Desde
esta concepción, el diálogo social tiene
hoy una amplia dimensión, que favorece la gobernanza y la profundización
democrática como instrumento de desarrollo y de mantenimiento del contrato social
y se erige en una alternativa frente a los peligros a los que puede conducir
una excesiva fragmentación social provocadora de procesos de exclusión social
que pueden llegar a dificultar el ejercicio cotidiano de la democracia.
Teniendo
en cuenta todo lo anterior, lo primero que llama la atención es que se está
hablando esencialmente de “diálogo social” en torno al “mundo del trabajo”. Se
trata de un diálogo que se produce entre las partes, unas veces dos y otras
tres, que intervienen en el mundo del trabajo y que, evidentemente, tiene
efectos en otros aspectos de la sociedad. Pero el núcleo esencial en torno al
que gira ese concepto de “diálogo social” es el “trabajo”. La pregunta que
surge inmediatamente es la siguiente: ¿Se trata de una categoría absolutamente
central en el momento histórico actual o
refleja la centralidad de una sociedad productiva propia de una época
industrial anterior a los recientes acontecimientos que abren una crisis
sistémica que necesitan enfoques y aproximaciones distintas para su
encauzamiento? Es decir, si el diálogo social se realiza en torno al concepto
“trabajo”, ¿entendemos este concepto como una actividad a la que tienen derecho
los ciudadanos como aportación al progreso social y personal o lo entendemos
como uno de los tres pilares que, en los conceptos de la economía clásica,
soportaban el entramado económico? ¿Se está hablando de factor trabajo o se
está hablando de empleo, de acceso al empleo?
Un nuevo escenario
El sistema económico mundial regido por dos sistemas de gestión muy diferenciados cambia radicalmente a partir de 1989 con el
colapso del sistema “soviético” simbolizado por la “caída del muro del Berlín”.
El mundo cambió a partir de entonces.
El sistema económico de mercado con sus tres pilares
esenciales (factor tierra, factor capital y factor trabajo) se convierte en el
único posible, sostenible y factible
como sistema de desenvolvimiento de las relaciones económicas. Pero, apenas
veinte años después, una nueva agitación hace tambalear los cimientos de la
economía mundial. Se inicia la crisis que, aún hoy, domina el panorama
económico. De nuevo, el escenario está cambiando.
¿Se trata de una crisis, en el sentido convencional,
es decir que, una vez terminada, todo volverá a ser como antes, o se trata de
un cambio de sistema, de una adaptación de la economía, denominada de mercado,
a una auténtica globalización en la que no existen fronteras económicas?
El mundo se convierte en un tablero global en el que
cada pieza participante en el juego debe conocer perfectamente su rol. Por lo
tanto, también, desde una óptica geográfica, cada región mundial tiende a
adaptarse a su nuevo papel en el damero de la economía. Se dice, por ejemplo:
“China es la fábrica del mundo”.
¿Cuál es el papel reservado a Europa? Reservado como
tal, probablemente no tenga ninguno.
Europa debe de reinventarse ya que no dispone como otras zonas del mundo de
materia prima lubricadora de la economía. El factor “tierra” no es su rol
principal, como tampoco lo es el factor “trabajo” empujado por la
competitividad de la fuerza de ese factor en otras latitudes.
Los tres factores “finitos” que componían el sistema
económico tradicional (Adam Smith, David Ricardo,…) y sobre los que se basaba
el crecimiento continuo necesario para el progreso de las sociedades dejan de
ser los únicos factores combinables, al menos en Europa, para generar riqueza:
Europa se reinventa incorporando un factor nuevo, no finito, y esto es una
novedad histórica, como engranaje de la economía de mercado: el factor conocimiento.
La necesaria incorporación del “conocimiento” como nuevo y necesario factor productivo para
generar economía cambia absolutamente el enfoque de las relaciones de
armonización social en un momento histórico en el que, tal vez, ya no estemos
en una crisis propiamente dicha si no en un momento clave
en el que hay que adaptarse totalmente a un modelo económico global. Estamos, tal vez, transitando por una época de
mutación y de cambio sistémico que provocará que actitudes, maneras,
relaciones, formas contractuales, etc. de un tiempo cercano pero que aparece
como alejado no se vuelvan a repetir.
Por lo tanto, en este contexto, en una región como
Castilla-La Mancha dependiente absolutamente de su posición en España y en
Europa, el diálogo social ya no puede girar en torno a todo lo que genere el
trabajo, si no en torno a los nuevos conceptos y a los efectos que nacen de la
necesaria condición de crear empleo.
La creación de empleo en un mundo cambiante es un
motivo adecuado para sincronizar las relaciones que determinen un adecuado
diálogo social. La fortaleza con la que
la sociedad, en particular la castellano-manchega, pueda salir del tránsito
complejo y difícil que supone el momento actual de transición dependerá, en
gran medida, de la voluntad innovadora con la que se afronte el diálogo social
que parte también por reconocer que los tradicionales roles asumidos por los
agentes sociales por fuerza han de cambiar para acompasarse con el gran cambio
que la sociedad está viviendo.
En el marco de una nueva economía en él que aparecen
nuevos empleos, en él que el “factor conocimiento” es fundamental y este se
inyecta en el sistema económico mediante el emprendimiento y la innovación los
agentes participantes en el diálogo social encuentran una función fundamental
en estimular ese emprendimiento e innovación.
En consecuencia aparece como propuesta básica que el
“diálogo social” se centre en el debate sobre el impulso de las condiciones que
favorezcan el afloramiento de un “sistema productivo innovador” con toda la
riqueza que esto puede y debe producir.
La aplicación eficaz del “factor conocimiento” en el
sistema productivo puede ir acompañado por la combinación y la mejora continuada de subfactores necesarios para la creación de
riqueza: Tecnología e Innovación.
Por todo eso, en un proceso de diálogo social puede aparecer
como adecuado despejar las funciones de los diferentes sistemas, subsistemas y
factores económicos que actúan en la economía de la región en función de unos
indicadores determinados: la tecnología en general y las tecnologías de la
información y la comunicación en particular (uso, dotaciones, accesibilidad a
las TIC y su peso en la economía, etc.), el capital humano (Educación,
emprendimiento, formación continua, formación para el empleo, aprovechamiento
del capital humano, etc.), el sistema de innovación (Recursos financieros y
humanos, aplicación en el sector empresarial, redes de conocimiento, etc.), el
entorno, etc.
domingo, 17 de noviembre de 2013
martes, 15 de enero de 2013
Apuntes para una Estrategia de especialización
inteligente de Castilla-La Mancha
Una aproximación al contexto
histórico
Introducción
Siguiendo el planteamiento de Xavier
Ferràs[1] que
define el proceso histórico de la “Innovación” como un proceso en “oleadas” desde
que existe lo que venimos en llamar, convencionalmente, el sistema económico
capitalista, se plantea en este escrito la relación entre sectores económicos
“regionales” y ese proceso de implantación de la innovación. Pero
previamente es preciso consensuar que antes de la aparición del capitalismo en
la historia económica no había propiamente innovación y las sociedades no
avanzaban o no lo hacían de forma perceptible. Es decir, la innovación está
ligada y forma parte del proceso de desarrollo del sistema económico
capitalista.
Las seis olas de la innovación
Xavier Ferrás plantea, en cuanto a la innovación como
motor de desarrollo económico, seis olas de innovación:
Ø 1ª Ola: “Technology-push”. La tecnología es el campo de juego de la innovación. Se inicia con la
revolución industrial y consiste en añadir tecnología (inventos) al producto.
Ø 2ª Ola: “Market-pull”. El mercado es el campo de juego de la innovación. A partir de los años
ochenta del siglo XX el mercado se hace complejo. Es el momento de comprender
al cliente, al público objetivo. Es el momento histórico del “marketing”.
Ø 3ª Ola: “La organización como sistema
de innovación”. El conjunto de la organización, de la empresa, se
convierte en un sistema innovador.
Ø 4ª Ola: “La innovación se expande a
la cadena de valor”. La cadena de proveedores se integra en el sistema
innovador.
Ø 5ª Ola: “La Innovación se expande al
conjunto de la economía internacional”. Con el nuevo
siglo nace el concepto de “Open
Innovation”. Básicamente este concepto viene a plantear que las
oportunidades y la innovación pueden encontrarse en otras cadenas de valor. Es
el momento de entrecruzar cadenas.
Ø 6ª Ola: “La Innovación se incrusta
en la cultura de las naciones”. La innovación
se torna en fenómeno cultural. La innovación se asocia a fenómenos de
desarrollo local y eclosiona en algunos entornos concretos. En un mundo
“superglobalizado”, surgen,
paradójicamente, ecosistemas locales, ricos y dinámicos (Silicon Valley, Corea,
Singapur, Israel, Finlandia, Suiza, Israel, Massachussets, etc.). Estos
territorios se diferencian por la “cultura”; una cultura emprendedora
orientada a la generación de valor que
genere ventajas competitivas diferenciales.
El punto de destino de todo ecosistema innovador es
acercarse lo más posible o incluso alcanzar el nivel de “innovación incrustada
en la cultura”. Las naciones y las regiones serán culturalmente emprendedoras e
innovadoras o quedarán fuera de la historia.
Castilla-La Mancha: una región competitiva e innovadora.
La definición de la metodología para la consecución de una región económica especializada
inteligentemente es decir que conozca y escoja un camino estratégico para
tender a alcanzar su posicionamiento en la economía mundial globalizada es, en
esencia, una aproximación de encuentro entre tiempo y espacio, entre historia y
geografía.
Las
empresas, grandes, medianas o pequeñas de Castilla-La Mancha, integradas en
“sectores económicos” dependen mucho de su entorno inmediato y regional,
dependen de la geografía. Son sujetos económicos que se mueven en un espacio
dado.
Pero
también las empresas, o mejor, en el contexto y enfoques propuestos, los
sectores económicos se sitúan en un nivel histórico de desarrollo. Se mueven en
el tiempo y van incorporando procesos de innovación para su mantenimiento.
La
cuestión básica, bajo este enfoque, es: ¿En qué nivel de desarrollo histórico
se encuentran los sectores económicos y, por añadidura, las empresas de
Castilla-La Mancha?
La
conclusión que puede surgir de un enfoque
tal es la siguiente:
Conocido
el nivel de desarrollo de un sector o subsector económico, o lo que es lo
mismo, conocido el lugar que ocupa ese sector en el sistema de olas de
innovación del que se habla más arriba, ¿Cuál es el impulso estratégico que hay
que insuflar a un sector o subsector económico para que dé el salto a la ola
siguiente?
La
lógica dice que el crecimiento económico y de maduración de los sectores
estratégicos de Castilla-La Mancha vendría dado por un “crecimiento de la
innovación”, es decir por un salto de un nivel a otro, o lo que es lo mismo, se
trata de pasar de encontrarse en una ola determinada a otra.
El
incremento de innovación vendría dado por el paso de estar en un estadio de innovación
determinado al siguiente paso “histórico”: pasar de estar instalado en una “ola
innovadora” determinada a la siguiente.
En
este contexto y bajo este enfoque la propuesta operativa lógica puede ser que
se orienten los instrumentos públicos y privados existentes en el territorio,
relacionados con la I+D, en crear innovación. Pero no se trata de cualquier
innovación. Se trata de crear las condiciones para ayudar, incentivar, impulsar
a los sectores y subsectores económicos estratégicos para que puedan
incorporarse a la “ola innovadora” que lo haga crecer y asentarse en un sistema
económico regional competitivo en el marco de la economía globaliza.
[1] Xavier
Ferras es Doctor en Economía y Empresa por la Universidad de Barcelona,
Ingeniero Superior de Telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de
Cataluña y MBA por ESADE.
Etiquetas:
desarrollo regional,
economía,
innovación
domingo, 13 de enero de 2013
domingo, 28 de octubre de 2012
El presente
Homo Sapiens es el resultado de la evolución humana: su adaptación evolutiva se basa en la postura erguida que le ha permitido desarrollar el cerebro. Este le permite, más que a cualquier especie existente que se sepa, comprender el entorno y adaptarlo para su beneficio. El desarrollo del cerebro le permite tener conciencia del tiempo, cosa que no le ocurre, que se sepa, a otras especies.
Así Homo Sapiens es consciente de tres fases del tiempo: el pasado, el presente y el futuro.
Tras la revolución neolítica empezó la "historia", esa fase de la evolución en la que Homo Sapiens es capaz de transformar la naturaleza.
Pero la "historia" significa también esa fase en la que las funciones entre los miembros de la comunidad se especializan y aparecen los que viven "liberados" del trabajo físico para "organizar" la vida social. Los trabajadores deben producir el suficiente excedente para "retribuir" a los rectores, gobernadores, reyes, sacerdotes que "ordenan" la convivencia.
Durante la mayor parte de la historia se justifica esta "explotación" planteando que la sociedad avanzará hacia modelos míticos y legendarios que se muestran como modelos que hay que reconstruir: mitos, leyendas y religión justifican las penurias en las que vive la mayoría. Estos encontrarán el premio a su sumisión en el futuro que se sitúa más allá de la vida, en el paraíso.
Este tipo de sociedad corresponde a un modelo económico feudal que es el que más tiempo ha ocupado la historia. El premio será "dejar este valle de lágrimas" y acceder al cielo. Los modelos a seguir están en el pasado: dioses, héroes, mitos, leyendas...
Sin embargo, durante un breve periodo de la historia se abrieron paso ciertos pensamientos que opinaban que el conjunto de la humanidad podía vivir mejor en un futuro en la tierra. Es el breve periodo histórico que nace en el Renacimiento y termina en estos tiempos en el que un futuro mejor en la tierra era concebible: utopias, ilustración, revolución burguesa, anarquismo, socialismo, comunismo. El devenir histórico y el progreso llevarían al hombre a la emancipación y a la libertad en una sociedad igualitaria y culta.
Pero, caído el muro de Berlín y fracasado el "socialismo real", ya no aparecen alternativas para un futuro mejor. No es tiempo de volver a cuentos sobre un pasado mejor y mitológico, es sólo el tiempo de la incertidumbre, del sálvese quien pueda; es tiempo de que los excedentes vuelvan a distribuirse como en la mayor parte de la historia: poco, lo justo para que siga funcionando la maquinaria, para la gran mayoría, mucho para los dueños que dominan la cima de la humanidad. Es el tiempo del presente, el tiempo en que las "luces" han muerto. Es el tiempo de volver a una sociedad propiamente humana, aquella que comprende el Homo Sapiens fácilmente, en la que se distinguen a simple vista el rico del podre, y en la que no queda ni rastro de las clases medias. Es la ideología del presente, la tradicional, en la que uno s pocos explotan a muchos para sacar provecho de la naturaleza.
Así Homo Sapiens es consciente de tres fases del tiempo: el pasado, el presente y el futuro.
Tras la revolución neolítica empezó la "historia", esa fase de la evolución en la que Homo Sapiens es capaz de transformar la naturaleza.
Pero la "historia" significa también esa fase en la que las funciones entre los miembros de la comunidad se especializan y aparecen los que viven "liberados" del trabajo físico para "organizar" la vida social. Los trabajadores deben producir el suficiente excedente para "retribuir" a los rectores, gobernadores, reyes, sacerdotes que "ordenan" la convivencia.
Durante la mayor parte de la historia se justifica esta "explotación" planteando que la sociedad avanzará hacia modelos míticos y legendarios que se muestran como modelos que hay que reconstruir: mitos, leyendas y religión justifican las penurias en las que vive la mayoría. Estos encontrarán el premio a su sumisión en el futuro que se sitúa más allá de la vida, en el paraíso.
Este tipo de sociedad corresponde a un modelo económico feudal que es el que más tiempo ha ocupado la historia. El premio será "dejar este valle de lágrimas" y acceder al cielo. Los modelos a seguir están en el pasado: dioses, héroes, mitos, leyendas...
Sin embargo, durante un breve periodo de la historia se abrieron paso ciertos pensamientos que opinaban que el conjunto de la humanidad podía vivir mejor en un futuro en la tierra. Es el breve periodo histórico que nace en el Renacimiento y termina en estos tiempos en el que un futuro mejor en la tierra era concebible: utopias, ilustración, revolución burguesa, anarquismo, socialismo, comunismo. El devenir histórico y el progreso llevarían al hombre a la emancipación y a la libertad en una sociedad igualitaria y culta.
Pero, caído el muro de Berlín y fracasado el "socialismo real", ya no aparecen alternativas para un futuro mejor. No es tiempo de volver a cuentos sobre un pasado mejor y mitológico, es sólo el tiempo de la incertidumbre, del sálvese quien pueda; es tiempo de que los excedentes vuelvan a distribuirse como en la mayor parte de la historia: poco, lo justo para que siga funcionando la maquinaria, para la gran mayoría, mucho para los dueños que dominan la cima de la humanidad. Es el tiempo del presente, el tiempo en que las "luces" han muerto. Es el tiempo de volver a una sociedad propiamente humana, aquella que comprende el Homo Sapiens fácilmente, en la que se distinguen a simple vista el rico del podre, y en la que no queda ni rastro de las clases medias. Es la ideología del presente, la tradicional, en la que uno s pocos explotan a muchos para sacar provecho de la naturaleza.
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