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sábado, 14 de mayo de 2011

Toledo, la Cultura y los Fondos Económicos Europeos: la ausencia del Ayuntamiento en el escenario europeo.

El alcalde de Toledo ha anunciado en el mes de Enero pasado que el siguiente paso, tras la constituciónde la Fundación Greco 2014, es conseguir que Toledo sea Capital Europea de la Cultura. El próximo año en que una ciudad española pueda ser Capital de la Cultura es en 2016. Pero, por desgracia, el plazo para la presentación de candidaturas terminó en 2010; tanto es así que en septiembre del año pasado se hizo la preselección de las ciudades aspirantes. Toledo no puede ser Capital de la Cultura. Solamente, según el turno rotatorio establecido por la Unión Europa, Toledo podría aspirar a esa capitalidad en 2029 o 2030. ¿Esto no se sabía? ¿Anunciar medidas semejantes es oportunismo o, realmente, desde la administración local se gobierna con una previsión a largo plazo encomiable?

Curiosamente, el Ayuntamiento de Toledo y el Consorcio de la ciudad han abandonado a finales del año pasado la Asociación de Ciudades Europeas de la Cultura (http://www.avecnet.net/).

Por un lado se habla de reforzar la imagen de Toledo en el ámbito cultural, eso si en un plazo de tiempo enorme, y por otro se abandona una Red de ciudades europeas de la Cultura desde la que se puede trabajar en el día a día para seguir mejorando la atractividad cultural de Toledo y además contribuir a la definición cultural de la Europa que se está construyendo. ¿No es esto una enorme contradicción, máxime cuando Toledo fue una de las cinco ciudades fundadoras de esa red a finales de los años 90?

Lo que demuestran estas actitudes es la postura de los responsables de la administración municipal ante el trabajo a realizar en el marco de la Unión Europa para conseguir, por un lado el reforzamiento de la red de ciudades europeas y por otro conseguir beneficios para la ciudad de Toledo. En el fondo se trata de creer o no creer que Toledo tenga una dimensión europea importante y que, en ciertos campos como la cultura y el turismo, pueda ser vanguardia de lo que se vaya produciendo en Europa. Se trata de estar en el grupo de ciudades de vanguardia o limitarse a realizar políticas provincianas de corto alcance.

Después de que, desde los años 90 hasta mediados de los años 2000, los fondos económicos de la Unión Europea han sido especialmente favorables para la ciudad de Toledo, al menos en lo que a ayudas financieras se refiere, puede ser conveniente hacer una reflexión pública sobre las posibilidades de que la ciudad de Toledo siga siendo receptora de esas ayudas económicas. La realidad es que la administración local ha dejado de participar en Proyectos Europeos, con la correspondiente merma de fondos, probablemente por una visión excesivamente localista y provinciana de la dimensión de la ciudad.

Claro que hay que reconocer que querer trabajar en el ámbito europeo para tratar de mejorar la realidad europea intentando conseguir beneficios para Toledo no es fácil y supone un esfuerzo de gestión importante ya que hay que introducirse en una forma de trabajar compleja. El ejercicio consiste en salir de un marco limitado, seguido por las autoridades locales, para encontrarse en plena competición con numerosos proyectos que presentan otras autoridades locales.

Guardando las proporciones, se parece bastante al ejercicio que debe de realizar un joven conductor que deja de conducir en un circuito cerrado de una autoescuela y se encuentra solo al volante en una autovía de cuatro carriles infectada de camiones.

Esta metáfora pretende ilustrar la dificultad que experimentan algunas ciudades en encontrar un sitio en los programas operativos, en definir, en negociar e imponer su proyecto estratégico o dicho más comúnmente, en encontrar financiación para dicho proyecto. En competencia con el joven conductor hay pilotos experimentados que además de conseguir sus objetivos multiplican los obstáculos y no se fían de los novatos a los que consideran poco fiables. El Ayuntamiento de Toledo, en periodos anteriores, entendió esto y mantuvo un dispositivo que le aseguraba presencia en Europa con los consiguientes retornos económicos para la ciudad (se puede estimar en 60 millones de euros la financiación comunitaria conseguida por esta vía). El actual equipo de gobierno prefiere seguir conduciendo en un circuito cerrado.

Tal vez a la administración actual le parece demasiado complicado acceder a Europa ya que, como es lógico, el acceso a esos fondos se convierte en una tarea difícil y compleja porque los procedimientos son complicados y la competencia aumenta. Es una cuestión de elegir, de renunciar o no a las ventajas que se pueden conseguir al jugar en la “división europea”. Pero claro es preciso hacer un esfuerzo de gestión para que Toledo pueda desarrollar el papel que le pueda corresponder en la red de ciudades europeas.

Si se quieren obtener beneficios europeos es preciso estar decidido a ofrecer y recibir el apoyo y la ayuda mutua entre gestores europeos de ciudades y de programas europeos. Esta ayuda mutua se concretiza en la participación en redes y proyectos de intercambio de experiencias, como la red que se acaba de abandonar. Este tipo de acciones, lejos de ser una flor en el árbol, una guinda en el pastel, son actividades complementarias que conducen a la obtención de buenos resultados para financiar proyectos de intervención en el plano local. Es decir, para obtener dinero para Toledo hay que estar presentes en Europa y en las redes y asociaciones de ciudades. No se puede pretender recibir sin dar nada a cambio y la Comisión Europea considera que los contactos entre personas y entidades, lo que llama encuentros transnacionales, son una forma más que contribuye a “hacer” Europa. Sin embargo, en Toledo, todo parece ir al revés en este sentido ya que se abandona la participación en redes.

Participar en programas europeos es como dispersar semillas en el suelo, se desconoce dónde van a aparecer las flores pero se sabe que van a brotar. Si siempre se intenta fijar la aplicación primero puede que sea imposible llegar a ella. Es como plantar una semilla en un lugar preciso, quizás no germina.

Los políticos no lo ven así porque quieren saber con anterioridad para qué están pagando. Pero es una realidad que muchos proyectos de mucha inversión y envergadura aparecieron como un beneficio inesperado de otras actividades. Los responsables municipales de Toledo no entienden que para obtener beneficios hay que hacer un esfuerzo: para obtener fondos europeos hay que estar presente en las actividades europeas.

En esta línea, es fundamental trabajar en los proyectos transnacionales y en las redes que mejor permitan situar en el plano europeo los proyectos concretos locales para los que se quiere encontrar financiación. Esos proyectos locales deben de obedecer a una lógica interna basada en una política de desarrollo local que se inspire en los pilares de las políticas de la Unión Europea: el desarrollo sostenible, el medio ambiente, las nuevas tecnologías en relación a la participación ciudadana y a la creación de empleo, la igualdad de oportunidades, etc.

En esencia esos proyectos locales para los que se busca financiación deben de derivar de una especie de plan estratégico en el que se haya intuido al menos, la función de la ciudad en el marco de las redes de ciudades. Sin embargo la política municipal es la contraria actualmente: se abandonan las redes que se han creado.

Participar en los beneficios de recibir fondos europeos requiere una cada vez más esmerada profesionalización unida al “cuidado” de las relaciones transnacionales, tanto con representantes de la Comisión Europea, como con los de otras ciudades que forman las redes de un cierto asociacionismo europeo en el que se sustenta la obligada transnacionalidad exigida por la Unión Europa. Ya no solamente basta con estar al tanto de la información, hay que gestionar esa información y saber distinguir lo que es aprovechable para los objetivos locales. Pero también requiere la elaboración de un Plan Estratégico de ciudad en el que encajan como piezas de un puzzle los proyectos financiables.

Así la conocida afirmación: “Pensar globalmente y actuar localmente” se convierte en “Pensar y actuar en Europa con los europeos, y pensar y actuar localmente asociándose con el tejido social de la ciudad”.

Para que la mayoría de los objetivos se cumplan y uno de ellos, obviamente, es conseguir financiación europea para acelerar el desarrollo local y beneficiarse de las políticas de cohesión, un municipio como el de Toledo, debe de apostar por estar presente en el escenario europeo con los instrumentos y las estrategias necesarias y precisas. Es decir, tiene que tener definida una “política europea”. Para tal fin parece obvio que debe de contar con la estructura administrativa y de gestión que trabaje para obtener los objetivos.

Sin embargo, parece ser también, que el gobierno local del Ayuntamiento de Toledo no parece haber comprendido todo esto, incluso después de haber comprobado como Europa “ha sido generosa”, gracias al buen trabajo desarrollado desde la primera mitad de los años noventa, con la ciudad de Toledo, lo que ha permitido sin duda realizar proyectos que sin las subvenciones europeas nunca se hubieran realizado o que, caso de haberse hecho, hubieran consumido recursos económicos locales que hubieran impedido hacer otras acciones.

El equipo al mando del Ayuntamiento de Toledo no parece apostar por realizar ese trabajo cada vez más complejo que se requiere para percibir los beneficios, económicos y otros, que emanan de las instituciones europeas. Abandonar las redes de participación europeas es, sin embargo, la decisión municipal. Es una opción, pero desde luego se apuesta por realizar una política pasiva de la que no se derivaran ventajas económicas europeas, es decir no llegará dinero de Europa, al menos en cantidades significativas.

Por cierto, la ciudad húngara de Pecs, fundadora con Toledo de la Asociación de Ciudades Europeas de la Cultura fue Capital Europea de la Cultura en 2010, participando y promocionándose a través de esa red.

lunes, 17 de agosto de 2009

Los proyectos y su impacto

En los últimos tiempos estamos asistiendo, en Toledo, a la presentación de una serie de proyectos que una vez realizados cambiarán la fisonomía y la función urbana de nuestra ciudad, mediatizando por lo tanto las condiciones de vida de los ciudadanos de Toledo y modificando sus estructuras sociales: Barrio “Avanzado” (esperemos que esto no quiera decir que se creen diferentes categorías de barrios: el Avanzado y los atrasados, perdón, los demás), Tranvía, Intercambiador en Safont, Nuevo Polígono Industrial hacía el Este de la ciudad, etc.

Curiosamente esos proyectos se anuncian cuando no se han resuelto o no se han sabido o querido resolver, otros “proyectos” más antiguos que se van olvidando, como por ejemplo, el bulevar del paseo de la Rosa, el barrio “ecológico”, la resolución de los olores provocados por el vertedero al oeste de la ciudad, o la fábrica de piensos, el matadero y la depuradora en el Polígono, etc. En realidad hay una larga lista de proyectos prometidos que no parece que se aborden nunca. Y estos proyectos son “superados” por el anuncio de nuevos proyectos cada vez más caros y osados. Porque caros son el tranvía, el Superpolígono y el Barrio Adelantado, ¿o era Avanzado?

La realización del conjunto de estas dotaciones demuestra un impulso urbanizador muy importante en nuestra ciudad. Pero las primeras preguntas que nos podemos hacer son las siguientes: ¿Obedece este proceso a un Plan de Ciudad pensado y que mide las consecuencias del proceso? ¿Definen estos proyectos un Modelo de ciudad que la atribuyen una nueva funcionalidad? O de una forma más clara, ¿Se ha medido el posible impacto y sus consecuencias en todos los órdenes que afectaran a la ciudad?

Aunque aparentemente el conjunto de estos proyectos podría inscribirse en un Plan de ciudad, también se puede medir el impacto individualizando las actuaciones. En este sentido aparecen preguntas que los responsables deberían poder contestar. Por ejemplo: ¿Están medidos o, al menos, evaluados, los flujos económicos, de personas e incluso el valor añadido que aporta a Toledo la construcción de estos nuevos espacios urbanos y el tranvía? En otras palabras, más allá de voluntarismos, ¿está justificada una inversión tan importante que se hace con dinero público, es decir de los ciudadanos? ¿Se han medido las consecuencias de la “macización” urbana que supondrían estas actuaciones cerca del río Tajo a su entrada en la ciudad? ¿Se ha medido lo que no se podrá hacer en otros barrios de la ciudad? ¿Se pensará alguna vez, por ejemplo, en el tratamiento urbano de la circunvalación que rodea el barrio de Buenavista?

Como se puede apreciar las preguntas se enlazan unas con otras y en consecuencia ocurre lo mismo con los proyectos previstos. Los interrogantes no presuponen respuestas negativas, al contrario, pueden abrir la vía a respuestas coherentes que expliquen a los ciudadanos el porqué de las actuaciones y los beneficios para ellos.

Los estudios de impacto que deben acompañar a cualquier proyecto y que deben, suponemos, estar hechos, pueden, en consecuencia, responder a muchas preguntas. Por ejemplo, centrándonos en el nuevo superpolígono, lejos muy lejos, hacia dónde nace el sol, es decir cerca de Algodor (Provincia de Madrid), ¿se ha hecho un estudio económico del impacto en la ciudad y en su área de influencia? ¿Cómo va a afectar al resto del tejido económico de la ciudad? Algunos políticos contestarán que el impacto será positivo. Es posible, pero se necesitan estudios prospectivos para asegurarlo con rigor, más allá del populismo reiterativo. Y desde el punto de vista medioambiental, ¿qué supone realmente el impacto de este macro polígono en el conjunto de la ciudad y para el río en concreto?

Existen numerosos estudios, especialmente en Francia, sobre los efectos, muy a menudo nefastos, que han ocasionado este tipo de instalaciones en diferentes sectores: paisajismo, medioambiente, economía local, etc.

La construcción de este Polígono Industrial, tendrá un impacto real sobre su entorno geográfico y sería conveniente que los ciudadanos pudieran conocerlo.

A menudo se tiene la sensación de que se actúa en los barrios y en el conjunto de la ciudad de forma descoordinada, que las decisiones se toman de forma aislada, sin que exista relación entre el conjunto de los proyectos y sin que se tengan estudiadas y meditadas las consecuencias. Esta forma de actuar ha determinado en algunas ocasiones el declive a medio plazo de alguna ciudad, aunque en algún momento la euforia voluntarista quisiera demostrar lo contrario.

Pero queremos creer que este no es el caso de nuestra ciudad y que existen los estudios pertinentes que demuestran la necesidad objetiva de la realización efectiva de los proyectos como ocurre con el nuevo hospital, cuya razón de ser se justifica en si misma por la necesaria mejora continua de la salud de los ciudadanos, aunque también aparecen preguntas en cuanto al lugar de su ubicación. Queremos creer que estos proyectos obedecen a un auténtico Plan de Ciudad muy meditado. ¿O no es así?

sábado, 6 de junio de 2009

¿Qué pasa con Vega Baja de Toledo?

En las ciudades existen esencialmente dos tipos de espacios no construidos. Están aquellos que están perfectamente planificados e integrados en la trama urbana como los parques y las vías de comunicación, y están aquellos que pueden considerarse más como “vacíos urbanos”, y que son aquellos espacios de la ciudad que están a la espera de su urbanización y que se encuentran muy a menudo acotados por otras construcciones. Así los “solares” son espacios no construidos, vacíos, que algún día lo serán. Estos lugares permanecen en esta situación temporal durante más o menos tiempo. Las razones de su “estado” vacío son muchas y pueden ir desde la reserva consciente para aprovecharse de la especulación, o, lo contrario, les puede ocurrir que los “dueños” hayan dejado pasar la oportunidad para ganar dinero y el lugar no se halla revalorizado como se esperaba.

En el caso de Toledo, uno de los lugares más paradigmáticos de este tipo es la Vega Baja. ¿Qué es este espacio no construido de la ciudad?: un inmenso solar no “explotado” aún, o, un espacio con vocación de articulador de la ciudad con una especificidad concreta, nacida de la historia y del valor del paisaje, que le da un valor tan alto que sobrepasa los cánones mercantiles y que adquiere demasiado valor para ser destinado a ser receptáculo de una urbanización de tipo clásico, es decir, para ser construido.

Los espacios vacíos son, en general, efímeros ya que esperan, más o menos tiempo, a ser llenados y construidos. Sin embargo, el espacio de la Vega Baja, su vacío, su ausencia de integración en la macización de la ciudad, existe desde hace mucho tiempo, casi desde los tiempos alto medievales. Esta situación tan específica que dura tantos siglos tiene que hacer reflexionar. Parece que, tímidamente, sólo la Fábrica de Armas se atrevió a ocupar una parte de este lugar y luego ya en la segunda mitad del siglo pasado, sin muchos miramientos, se construyó en San Pedro el Verde. ¿Fue una “maldición” lo que impidió la disponibilidad de los terrenos? ¿Fue falta de voluntad o una cierta conciencia colectiva que presumía que ese lugar es especial y está destinado a ocupar un lugar diferente en la trama urbana porque su lugar, su vacío, su ausencia de volúmenes, está legitimado por su contribución al paisaje global de Toledo, además de esconder restos materiales del pasado que en su mayoría ya han desaparecido pero que se sabe que estuvieron allí? Parece que la Vega Baja es un sitio, de historia y paisaje, que merece una reflexión y un tratamiento muy especial.

Recientemente he leído unas declaraciones del Alcalde de Toledo, el Sr. García-Page, en las que venía a decir que en la intervención futura en la Vega Baja no va a admitir influencias de la Plataforma X Toledo y de la UNESCO. Probablemente yo estoy equivocado, pero me da la sensación que sus palabras revelan dos hechos. El primero es que el Sr. Alcalde ya tiene una idea concreta de “urbanización” de Vega Baja, y si es así, debería de manifestarla claramente, y en segundo lugar que no demuestra mucha estima por esas organizaciones mencionadas y, sobre todo, no muestra mucha estima, en este caso, por el diálogo y el trabajo realizado en base al consenso social. Además, incluso si el Sr. Alcalde estima que sus ideas sobre este asunto se identifican e interpretan el sentir de la mayoría de los toledanos, lo cual es posible, no puede olvidar, el Sr. García-Page, que la ciudad de Toledo es Patrimonio de la Humanidad con el amparo de la UNESCO que es una organización de las Naciones Unidas (ONU) a la que pertenece el Reino de España y que se encarga por velar a nivel mundial de la Educación y de la Cultura. En este sentido Toledo, y la Vega Baja, no pertenecen exclusivamente a los toledanos y, por delegación a su alcalde, ya que pertenece a la humanidad.

Por lo tanto toda actuación sensible con la condición de Toledo como Ciudad perteneciente al Patrimonio Mundial debe de ser consensuada con el tejido local de la ciudad, pero también con los órganos internacionales encargados de velar por la conservación del Patrimonio cultural y de traspasarlo en las mejores condiciones futuras a las próximas generaciones.

En la legislatura anterior, el actual Concejal de Movilidad y entonces concejal en la oposición, D. Rafael Perezagua, defendiendo las mismas tesis que el anterior alcalde de Toledo, el Sr. Molina, llegó a mantener que, en el “asunto Vega Baja”, no iban a venir los de fuera a decir lo que tenían que hacer los toledanos. Más tarde, el Gobierno Central y el Gobierno Regional, atendiendo los informes de UNESCO, paralizaron la operación de construcción de viviendas en la Vega Baja, tal vez porque entendieron que una actuación en un lugar tan especial requiere un trabajo muy consensuado entre personas e instituciones de nivel local, regional, nacional y mundial por la categoría que corresponde a Toledo, como Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Los planteamientos del Sr. Alcalde y de su Concejal son similares, antes y ahora: se olvidan de que Toledo pertenece a una categoría especial de ciudades en el mundo: la de aquellas que son Patrimonio de todos, de toda la humanidad, presente y futura. Las grandes decisiones sobre Toledo transcienden del ámbito local y adquieren categoría mundial. Les guste o no, es preciso tener en cuenta a las instituciones interesadas en el diseño de la ciudad, en especial a la UNESCO.

Vengo defendiendo desde hace tiempo que el planteamiento y planeamiento de futuro de la ciudad de Toledo, no puede obedecer a impulsos concretos, que se necesita elaborar un Plan Estratégico de Ciudad en el que la sostenibilidad y el ambientalismo sean ejes mayores. No debe de ser despreciable soñar con que Vega Baja se transmute en ese espacio esencial de la ciudad que ponga en valor la historia y el paisaje urbano. Se puede soñar en que el consenso social elabore un proyecto en el que Vega Baja sea un eslabón específico y fundamental en el sistema urbano de Toledo que ponga de relieve un desarrollo basado en la reconfiguración ecológica asentada en corredores ecológicos y en catalizadores urbanos que articulen los distintos barrios. La Vega Baja y su relación con el río, con la historia y con el paisaje puede muy bien ser un nodo fundamental de articulación de una ciudad basada en un modelo de cultura y de sostenibilidad ecológica. Al fin y al cabo la ciudad de Toledo es un ejemplo cultural de la producción humana a lo largo del tiempo que ha sabido conservar tesoros del pasado que es preciso transferir al futuro.