lunes, 2 de febrero de 2009

Una aproximación al concepto de ciudad en su relación con la arquitectura.

Una de las aproximaciones que puede aplicarse a la arquitectura es verla como el arte de proyectar y construir edificios o espacios para el uso del hombre. Edificios y espacios que van sumándose y definiendo el espacio urbanizado, es decir la ciudad. El espacio físico que reconocemos como “ciudad”, en el sentido tradicional, constituye el “nicho ecológico” construido de la especie humana y, por consiguiente constituye el espacio social por excelencia, razón por la cual el asentamiento humano tiende a organizarse en “ciudad” para garantizar la evolución de la especie en tanto seres racionales.

Ese nicho ecológico, esa ciudad, se configura en el espacio humano por excelencia, en el espacio dónde se desarrolla la civilización y sus procesos. Pero estos no se realizan de forma armónica y lineal y se producen tensiones y disfunciones en el plano social pero también en el espacio físico de la ciudad dónde se visualizan esas tensiones y disfunciones. De tal forma que los espacios internos de la ciudad se van especializando y van siendo ocupados de distinta forma en función del uso y funciones que los ocupantes, es decir los habitantes, les van dando. A medida que evoluciona en el tiempo la historia, esta se refleja también en la ciudad y en su estructura. La ciudad, como escenario donde se desarrollan esencialmente los procesos de civilización, refleja en su estructura los desgarros, disfunciones y diversidades sociales que se van produciendo a medida que se desarrolla la historia. Por eso, si en la sociedad hay grupos más opulentos y grupos más pobres, también se aprecian en la ciudad barrios ricos y barrios pobres. Las partes de la ciudad, a medida que va creciendo la complejidad producida por el desarrollo de la historia, también se especializan. Los procesos económicos en función de la rentabilidad, influyen en especializar los barrios urbanos en función de los intereses y de la maximización de los mismos.

Desde esta perspectiva la arquitectura puede optar por no quedarse aislada en la producción de piezas o espacios independientes. En efecto, la ciudad, que es la obra del hombre por excelencia, es el resultado de la suma de las actuaciones de este, siendo la más visible la realizada por la arquitectura. Hacer arquitectura es escribir en el espacio. En el espacio queda la visualización de la forma de organizarse del hombre. La plasmación de esa forma de organización en tres dimensiones es la ciudad. Por eso la arquitectura puede no tenerse que ver como la forma de proyectar edificios concretos. La arquitectura puede tener y tomar conciencia de su decisivo influjo en la plasmación concreta, no sólo de la pieza arquitectónica en si, si no del conjunto de la ciudad. Así, cada vez queda más claro que los edificios singulares, incluso los conocidos como edificios de “prestigio”, pueden tener la capacidad de orientar la ciudad en la que se realizan hacía nuevas funciones, y de proyectar una imagen diferente de esa ciudad de la que había tenido en el pasado.

Edificios y actuaciones arquitectónicas tienen la capacidad de modificar el espacio, inmediato, de barrio o de ciudad, en función de su potencia construida y funcional. La arquitectura, por lo tanto, influye en el escenario urbano para modificarlo y presentar una imagen determinada. La arquitectura es una herramienta esencial para realizar el urbanismo. Su impronta definirá la visión que se tiene de una ciudad o de una parte de ella. Así los barrios ricos o pobres son representados por un diferente tratamiento del mismo en función de la arquitectura que en ellos se haya realizado.

En este sentido puede reivindicarse que el arquitecto tenga también conciencia de urbanista y sepa, a ciencia cierta, que de una u otra forma influye de tal manera en la ciudad y en sus partes, es decir en los barrios, que está determinando con la creación arquitectónica en las funciones urbanas de la ciudad y de sus partes.

Pero la ciudad es una construcción humana compleja y las funciones que en ella se dan son también complejas. El arquitecto tiene mucho que decir en esa construcción social que es la ciudad, pero también otros “especialistas” construyen ciudad. En ese sentido la construcción de la ciudad y de sus barrios puede ser una buena labor colectiva que pretenda movilizar los recursos para presentar espacios urbanos dónde la convivencia sea más fácil y el bienestar menos difícil de alcanzar. La especialización urbana y la creación consiguiente de barrios concretos y diferentes es producto de la historia, pero es producto de una intervención histórica sesgada que profundiza en la segregación social y espacial y que produce barreras o rupturas urbanas que acentúan esa segregación.

Los esfuerzos de cohesión social pasan también por cohesionar la ciudad y poner en relación sus barrios. Pasa por coser la ciudad por encima de las rupturas urbanas. Pasa por recomponer las piezas, los barrios, e integrar todo el espacio urbano poniendo por encima de todas las funciones la propia función urbana. Porque la ciudad, siendo el espacio humano por excelencia, también es el espacio dónde se visualizan las diferencias, las crisis y las fracturas. La recomposición de los barrios más desfavorecidos de las ciudades necesita de la intervención de los arquitectos para que con sus piezas se proceda a la costura, a la reunificación con las demás partes de la ciudad. Pero esta recomposición no puede hacerse sólo desde la perspectiva sectorial de la arquitectura, como tampoco se puede hacer, para ser eficaz, desde la perspectiva sectorial de otra ciencia, ya sea la economía, el trabajo social, etc.

Es desde una perspectiva integrada como se propone la intervención social y urbana para recomponer los barrios desfavorecidos, aquellos que han sido peor tratados en el reparto funcional del espacio. Desde esta lógica, de acciones integradas de desarrollo urbano, es desde dónde se propone la posibilidad de que equipos multifuncionales trabajen juntos para proponer intervenciones en el escenario urbano y con las personas que los ocupan con el fin de mejorar esos escenarios y la calidad de vida que en ellos se desarrolla.

La revitalización de los barrios en crisis desde una perspectiva integrada de actuación y con la intervención de equipos plurales puede ser una forma eficaz de reintroducir estos barrios en la dinámica general de la ciudad. Las perspectivas sectoriales, es decir las intervenciones sectorializadas, en especial aquellas que abordan los aspectos sociales sin tener en cuenta el entorno construido, muchas veces no alcanzan sus objetivos por no tener en cuenta el espacio urbano concreto en el que se producen. Pero también, la arquitectura que se despreocupa del entorno social en el que se inserta, a veces no permite cerrar las fracturas urbanas existentes y a veces incluso las provoca, ya que la ausencia de “conciencia” social, a veces, se transforma en instrumento inconsciente al servicio de las fuerzas económicas que tienden a repartir el espacio en función de su especialización.

A principios del siglo XXI ya no basta con intentar crear ciudad cosiendo sus diferentes partes, reintegrando los barrios desfavorecidos. Nuevos conceptos, cada vez más complejos, vienen a añadirse a la metodología sobre la cual crear una teoría de la construcción de la ciudad. Así, si en la segunda mitad del siglo XX se ha vivido una fase, en la que, por lo general la ciudad se “deconstruía”, en la actualidad parece que lo correcto es volver a construir una ciudad compacta, aunque sólo fuera para compensar los efectos perversos provocados en la fase anterior. En efecto el afán de crear nuevas formas de vida, identificadas con el bienestar individual, han provocado la dispersión de la ciudad por su entorno inmediato, la conquista de los espacios periféricos, cada vez más alejados de la ciudad centro, para “vivir de forma urbana” en espacios nuevos. Una de las consecuencias de esa conquista ha sido la desaparición de los paisajes rurales y su sustitución, no por paisajes urbanos consolidados, si no por paisajes rururbanos cuyo efecto más inmediato ha sido un considerable aumento de la energía utilizada para garantizar la existencia y la durabilidad de esos espacios nuevos. Así, la impronta ecológica de las nuevas formas de ciudad dispersa ha influido en un aumento brutal de la energía utilizada por las personas residentes en esos entornos. El hecho de que hay que utilizar el vehículo para todo es un ejemplo claro.

Pero aunque los transportes individualizados provocados por las nuevas formas de urbanización, tan de “moda” en la última mitad del siglo XX, son una fuente enorme de despilfarro de energía, las formas constructivas que se han derivado de esa “moda” también influyen enormemente en la huella ecológica negativa. Así la tendencia a la ocupación de un enorme espacio para situar en él legiones de construcciones habitacionales clonadas como son los “chalets”, individuales, pareados o adosados, genera un gran gasto energético. A los obligados largos desplazamientos se suma el uso de materiales constructivos esencialmente iguales en todas partes, independientemente de la latitud, longitud, altitud, insolación, dirección de vientos dominantes, etc. de dónde se construya.

Por lo tanto, aparece como necesario, introducir nuevos conceptos y adaptaciones urbanas para que la ciudad se resitúe como construcción del hombre en la línea del desarrollo innato a la especie humana, pero de un desarrollo que incorpore herramientas que faciliten la sostenibilidad, es decir el desarrollo sostenible.

sábado, 10 de enero de 2009

CIUDAD, BARRIOS, PROYECTOS

En los últimos tiempos estamos asistiendo en Toledo a la presentación de una lluvia de proyectos debido al “Plan de salvación” del Gobierno de Zapatero. Son más de treinta proyectos que van a consumir, en pocos meses los millones de euros con que el Gobierno central “regala” a los municipios en general y a Toledo en particular. Aunque es un plan que pretende mantener, durante unos meses, el nivel de empleo en el sector de la construcción, no viene mal para “revitalizar” Toledo y sus barrios. Este dinero, llovido de la Moncloa, pudiera haber venido a ayudar a redefinir la fisonomía y la función urbana de nuestra ciudad, mediatizando por lo tanto las condiciones de vida de los ciudadanos de Toledo y modificando sus estructuras sociales. Si a esto le añadimos la larga espera de la finalización del Palacio de Congresos, el anunciado nuevo teatro, el barrio Avanzado en la 6ª Fase del Polígono, el tranvía, etc., nos encontramos ante una ciudad cuajada de proyectos. Pero, ¿son proyectos cohesionados? O mejor, ¿ayudan a la cohesión tanto urbanística como social y cultural de la ciudad?

La realización del conjunto de estos proyectos demuestra un impulso de gasto importantísimo en nuestra ciudad. Pero las primeras preguntas que nos podemos hacer son las siguientes: ¿Obedece este proceso a un auténtico Plan de Ciudad pensado y que mide las consecuencias y la evolución del proceso? ¿Definen estos proyectos un Modelo de ciudad que la atribuyen una nueva funcionalidad o mejoran las funcionalidades existentes? O de una forma más clara, ¿Se ha medido el posible impacto y sus consecuencias en todos los órdenes que afectarán a la ciudad?

Aunque, como se ha dicho antes, el conjunto de estos proyectos podría haberse inscrito en un Plan de ciudad, cuyo impacto en la mejoría y progreso de la ciudad hubiera sido sin duda más importante que el efecto provocado por una serie de proyectos inconexos y oportunos, también se puede medir el impacto individualizando las actuaciones. En este sentido, para cada proyecto presentado al “plan salvador” del gobierno, aparecen preguntas que los responsables deberían poder contestar. Por ejemplo: ¿Están medidos o, al menos, evaluados, los impactos sociales, medio ambientales, económicos, de creación de empleo de cada uno de estos proyectos o, al menos, de su conjunto? O ocurre como lo que le sucede a la magna obra de la primera década del siglo XXI, el Palacio de Congresos, que, a día de hoy, después de largos años de construcción que no parecen terminar nunca, aún no se conoce el modelo de gestión para su efectivo funcionamiento, o ni siquiera existe un estudio serio sobre el valor añadido que aporta a Toledo la construcción del Palacio de Congresos. Y no digamos nada del tranvía Safont – Polígono, que no pasa de ser un ejercicio de voluntad sin ningún fundamento, sin ningún criterio que justifique una inversión de más de 140 millones de euros.

En otras palabras, más allá de voluntarismos, ¿está justificada una inversión tan importante que se hace con dinero público, es decir de los ciudadanos? En el caso del Palacio de Congresos, esa justificación aún no ha sido claramente explicada. En el caso del tranvía tampoco, más allá de afirmaciones como: “Los toledanos tienen derecho a un tranvía” y a un “puerto de mar”, diría yo, pero “lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible”.

En el caso de la nueva lluvia de proyectos propiciada por Zapatero, tampoco. En cualquier caso ese dinero fresco viene a realizar lo que se debería de hacer de forma rutinaria para mantener la ciudad pero no para mejorarla. ¿Existe, acaso, un trabajo serio que demuestre el efecto multiplicador de la inversión y las ventajas a medio y largo plazo para Toledo y los toledanos?

Como se puede apreciar las preguntas se enlazan unas con otras y en consecuencia ocurre lo mismo para cada uno de los proyectos previstos. Los interrogantes no presuponen respuestas negativas: al contrario, pueden abrir la vía a respuestas coherentes que expliquen a los ciudadanos el porqué de las actuaciones y los beneficios para ellos.

Los estudios de impacto que deben acompañar a cualquier proyecto y que deberían de estar hechos, pueden, en consecuencia, responder a muchas preguntas.

A menudo se tiene la sensación de que se actúa en los barrios de Toledo y en el conjunto de la ciudad de forma descoordinada, que las decisiones se toman de forma aislada, sin que exista relación entre el conjunto de los proyectos y sin que se tengan estudiadas y meditadas las consecuencias. Esta forma de actuar ha determinado en algunas ocasiones el declive a medio plazo de alguna ciudad, aunque en algún momento la euforia voluntarista creyera lo contrario. Así que, en Toledo, los gobernantes deberían de tener cuidado. No hay que hacer por hacer, hay que plantear proyectos y después realizarlos en función de un concienzudo análisis de necesidades y de impacto, desde una óptica prospectiva.

Pero queremos creer que este no es el caso de nuestra ciudad y de nuestros barrios y que existen los estudios pertinentes que demuestran la necesidad objetiva de la realización efectiva de los proyectos. Queremos creer que estos proyectos obedecen a un auténtico Plan de Ciudad muy meditado. ¿O no es así?

domingo, 28 de diciembre de 2008

Sobre sensibilidades heridas

Hace ahora un año, en Toledo el equipo de gobierno municipal de PSOE-IU denegó la autorización para la realización de un seminario sobre el tema del “auge de los fundamentalismos”.
Comprendo que muchas sensibilidades pudieran sentirse heridas por la celebración en Toledo del I Concilio Ateo de Toledo para estudiar las consecuencias de los fundamentalismos o por sus actividades paralelas. Pero a mi también me duele mucho y siento mi sensibilidad herida cuando se prohíbe un acto ciudadano y no se permite que un espacio público este abierto para todos y todas las sensibilidades sociales puedan realizar actividades. Me duele que el laicismo esté cada vez más arrinconado en nuestra sociedad y que las autoridades “progresistas” colaboren a ello, alineándose objetivamente con los deseos de los sectores ultras más conservadores. Hiere mi sensibilidad y la de muchos ciudadanos que el gobierno de coalición IU - PSOE de Toledo no permita que un Centro Público pagado con dinero público sea utilizado para promover mensajes democráticos, laicos y ciudadanos y sin embargo se permitan en él actividades de uso privado sin ningún tipo de problema. Me duele comprobar como nuestras autoridades, para no molestar las conciencias de los “Cañizares” de turno, cierran la puerta a las ideas de progreso que preconizan que el ciudadano es el portador de actividad social, doblegándose a aquellos que preconizan que el comunitarismo excluyente es la base de las relaciones sociales. Desde finales del siglo XVIII el concepto de ciudadanía libre intenta abrirse paso entre la oscuridad de las ideologías y las religiones excluyentes y hiere mi sensibilidad que las autoridades públicas toledanas pongan frenos al progreso de la racionalidad. Hiere mi sensibilidad que esas mismas autoridades que tanto velan por no dañar “ciertas” conciencias, no tengan reparos en plantear que no pondrán en marcha de inmediato la Ley de la Memoria Histórica, que ahora cumple un año, y que ahora que están en el poder hayan olvidado dignificar a los fusilados en la guerra civil en el conocido Patio 42 del Cementerio municipal. Hiere mi sensibilidad que, con el dinero público, viajen a Roma para exaltar beatificaciones que vuelven a derrotar a aquellos que lucharon por la legalidad democrática y republicana tras el levantamiento franquista. Hiere mi sensibilidad, que el alcalde de Toledo, secretario general del PSOE provincial, jure todos los años, el 8 de diciembre, defender la virginidad de la Virgen en nombre de todos los teledanos, saltándose los preceptos constitucionales de un Estado confesional como es el nuestro. Hiere mi sensibilidad que sean precisamente ellos, los herederos del pensamiento ilustrado, los que prohíban actos y se plieguen a las voluntades de los que gestionan los fundamentalismos más retrógrados.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Toledo y los fondos económicos europeos

Después de dos periodos presupuestarios de la Unión Europea (1994-1999 y 2000-2006) que han sido especialmente favorables para la ciudad de Toledo, al menos en lo que a ayudas financieras se refiere, y ante el inicio inminente de una nueva agenda económica (2007-2013), puede parecer conveniente hacer una reflexión pública sobre ese futuro en relación a las posibilidades de que la ciudad de Toledo siga siendo receptora de esas ayudas económicas.

Dejar las formas de trabajo exigidas por programas experimentales tipo URBAN e introducirse en una forma de trabajar más compleja tal y como se deriva de las exigencias del nuevo periodo presupuestario 2007-2013 supone una transición delicada. El ejercicio consiste en salir de un marco limitado, seguido por las autoridades locales y los representantes de la Comisión para encontrarse en plena competición con numerosos proyectos que presentan otras autoridades locales.

Guardando las proporciones, se parece bastante al ejercicio que debe de realizar un joven conductor que deja de conducir en un circuito cerrado de una autoescuela y se encuentra solo al volante en una autovía de cuatro carriles infectada de camiones.

Esta metáfora pretende ilustrar la dificultad que experimentan algunas ciudades en encontrar un sitio en los programas operativos, en definir, en negociar e imponer su proyecto estratégico o dicho más comúnmente, en encontrar financiación para dicho proyecto. En competencia con el joven conductor hay pilotos experimentados que además de conseguir sus objetivos multiplican los obstáculos y no se fían de los novatos a los que consideran poco fiables.

Conseguir financiación para proyectos de ciudad en el periodo 2007-2013 será más complejo que en el periodo anterior, como fue más complejo en este con respecto a su antecesor. Como es lógico el acceso a esos fondos se convierte en una tarea difícil y compleja porque los procedimientos son más complicados y la competencia aumenta. En este contexto el apoyo y la ayuda mutua entre profesionales de ciudades que se conocen desde hace tiempo son fundamentales. Esta ayuda mutua se concretiza en la participación en redes y proyectos de intercambio de experiencias. Este tipo de acción, lejos de ser una flor en el árbol, una guinda en el pastel, son acciones complementarias que conducen a la obtención de buenos resultados para financiar proyectos de intervención en el plano local. Es decir para obtener dinero “aquí” hay que estar presentes “allí”. No se puede pretender recibir sin dar nada a cambio y la Comisión Europea considera que los contactos entre personas y entidades, lo que llama encuentros transnacionales, son una forma más que contribuye a “hacer” Europa.

Participar en programas europeos es como dispersar semillas en el suelo, se desconoce dónde van a aparecer las flores pero se sabe que van a brotar. Si siempre se intenta fijar la aplicación primero, entonces puede que sea imposible llegar a ella. Es como plantar una semilla en un lugar preciso, quizás no germina.

Los políticos no lo ven así porque quieren saber con anterioridad para qué están pagando. Pero es una realidad que muchos proyectos de mucha inversión y envergadura aparecieron como un beneficio inesperado de otras actividades. Ejemplos, en Toledo, tenemos unos cuantos.

En la próxima agenda 2007-2013, es pues fundamental trabajar en los proyectos transnacionales y en las redes que mejor permitan situar en el plano europeo los proyectos concretos locales para los que se quiere encontrar financiación. Esos proyectos locales deben de obedecer a una lógica interna basada en una política de desarrollo local que se inspire en los pilares de las políticas de la Unión Europea: el desarrollo sostenible, el medio ambiente, las nuevas tecnologías en relación a la participación ciudadana y a la creación de empleo, la igualdad de oportunidades, etc.

En esencia esos proyectos locales para los que se busca financiación deben de derivar de una especie de plan estratégico en el que se haya intuido al menos, la función de la ciudad en el marco de las redes de ciudades.

Participar en los beneficios de recibir fondos europeos requiere una cada vez más esmerada profesionalización unida al “cuidado” de las relaciones transnacionales, tanto con representantes de la Comisión Europea, como con los de otras ciudades que forman las redes de un cierto asociacionismo europeo en el que se sustenta la obligada transnacionalidad exigida por la Unión Europa. Ya no solamente basta con estar al tanto de la información, hay que gestionar esa información y saber distinguir lo que es aprovechable para los objetivos locales. Pero también requiere la elaboración de un Plan Estratégico de ciudad en el que encajan como piezas de un puzzle los proyectos financiables.

Así la conocida afirmación: “Pensar globalmente y actuar localmente” se convierte en “Pensar y actuar en Europa con los europeos, y pensar y actuar localmente asociándose con el tejido social de la ciudad”.

Para que la mayoría de los objetivos se cumplan y uno de ellos, obviamente, es conseguir financiación europea para acelerar el desarrollo local y beneficiarse de las políticas de cohesión, un municipio como el de Toledo, debe de apostar por estar presente en el escenario europeo con los instrumentos y las estrategias de las que se ha hablado más arriba. Es decir tiene que tener definida una “política europea”. Para tal fin parece obvio que debe de contar con la estructura administrativa y de gestión que trabaje para obtener los objetivos.

Sin embargo, parece ser también, que el gobierno local del Ayuntamiento de Toledo no parece haber comprendido todo esto, incluso después de haber comprobado como Europa “ha sido generosa”, gracias al buen trabajo desarrollado desde la primera mitad de los años noventa, con la ciudad de Toledo, lo que ha permitido sin duda realizar proyectos que sin las subvenciones europeas nunca se hubieran realizado o que, caso de haberse hecho, hubieran consumido recursos económicos locales que hubieran impedido hacer otras acciones.

El equipo al mando del Ayuntamiento de Toledo no parece apostar por realizar ese trabajo cada vez más complejo que se requiere para percibir los beneficios, económicos y otros, que emanan de las instituciones europeas. No parece dispuesto a mantener operativos los recursos y estructuras que han trabajado en obtener los logros de los años anteriores. Es una opción legítima pero equivocada desde la óptica que preconiza el desarrollo local sostenible y la presencia activa en el escenario europeo porque se apuesta por realizar una política pasiva de la que no se derivaran ventajas económicas europeas, es decir no llegará dinero de Europa, al menos en cantidades significativas.